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viernes, 23 de mayo de 2008

Preparate por que quiero escribir un libro contigo. lV


lV
Y todo mejoró

Aparte hablarle a León Lerma y descalabrarle su ego… como que no, ¿o si? Empecé a escribir nombres, la verdad que sólo conocía a los doctores de vista, pero no sabía quién era cual, ni quién era quién. Amablemente el doctor me dio su nombre y santo y seña. En eso vino una mujer y dijo que lo que pasó la noche anterior fue que yo no quise que le dieran el medicamento a Luis ya que él dormía… mentira total, ¿cómo voy a impedir que le suministren lo que sé va a quitarle los dolores? Absurdo, ella dijo que estaba anotado en su reporte. Yo sabía que estaban tomando represalias, si, lo que dije acerca de la comida no les pareció. Luego le comenté al doctor, “Si a usted le pareció terrible lo que dije que la comida parecía de perros, y se sintieron ofendidos, a mí me ofende más esa comida le dan a mi hijo. Era una frase que me repetía a cada momento, los demás enfermos sólo me veían, si, me observaban como diciendo: que valor Después el médico vino con una serie de papeles, la nutriologa dijo que tomaría cartas en el asunto ya que al parecer no estaban siguiendo las instrucciones que ella dio y terminó aceptando que el cocinero definitivamente no hizo lo que ella dijo. El doctor le preguntó a Luis que medicamento suministraban en el Cima y yo le entregué el expediente que nos habían dado en ese hospital, entonces él ordenó que le pusieran la misma dosis y sólo eso lo hizo descansar, al fin, se fue el dolor de cabeza. Entonces, el desayuno fue otra cuestión, la comida no se diga, de pronto, después de aquel altercado todo era calma, después de tres días con sus noches, Luis pudo descansar de la dolencia y empezó a comer bien ya que cambiaron toda la dieta. Resulta que para nuestra buena suerte la nutriologa que le asignaron era Nayeli, una chica que de niña vivió en la misma calle donde nosotros radicamos y ella fue turnada para que estuviera al tanto de Luis. Mientras Paola cuidaba a Luis de día, a la persona que le tocaba descanso en casa, limpiaba, se encargaba de cocinar, y lavar ropa. Mercedes era el chofer de noche, él llevaba a la que dormiría allá y se traía a Paola. Iván Villalobos se unió, ayudándonos los viernes, eso nos daba una noche más de descanso a Gaby y a mí. Mel no podía hacer de más, ya que él estaba en los entrenamientos de los Mayos de Navojoa y aunque don Víctor Cuevas le había permitido faltar, yo no quise que descuidara su trabajo, ya Gabriela había perdido el de ella. Pero eso era una insignificancia, lo importante era sacar a Luis, eso era lo que realmente nos importaba.

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