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miércoles, 14 de mayo de 2008

ll Segunda parte. Prepárate porque quiero escribir un libro contigo. Elia Casillas


ll

Era domingo y las visitas no cesaron, pero de la oficina de los naranjeros no supimos nada, Derek habló y comentó que hacían trámites para trasladarlo a Ciudad Obregón, al centro de Neurología. Era 24 de septiembre, Mercedes cumplía años, y Paola le trajo un pastel que compartimos con los que fueron a visitar a Luis. Antes, nos enteramos que de las oficinas naranjas habían suspendido todos los estudios que estaban pendientes y eso punzó duro en el pecho. Luis tenía los dolores de cabeza desde el 15 de septiembre, entonces, lo enviaron al Seguro Social, tomaron una radiografía y dijeron que era migraña y que no tenía nada, un simple dolor de cabeza. Entonces Luis comentó:
-Mamá nunca me había sentido tan pobre, a un lado de mí, una mujer estaba muriéndose, le faltaba oxigeno, yo trataba de ayudarla y aquello era muy desesperante, porque sentía que se me iba a morir ahí. En otro sitio, un hombre vomitaba y frente a nosotros, un enorme bote de basura tenía moscas por cualquier lado. Te juro que salí peor, que cuando entré. Nunca me había sentido tan pobre.
Hasta que el doctor Arturo León Lerma dio la orden para que fuera al Cima y se hicieran los estudios, Luis pudo descansar, ya que iba y venía al hospital y el dolor cada día era más intenso. En la resonancia magnética le salió un tumor en la silla turca del cerebro, y aunque el doctor dijo que era operable y en tres días estaría en casa, en las oficinas anaranjadas al enterarse de los ceros de la cuenta, decidieron enviarlo a Obregón, al Centro de Neurocirugía Luis Donaldo Colosio, pero eso, nosotros no lo sabíamos y es algo que nunca entendí, si ellos conocen a Mercedes, por qué no ir con él y explicarle personalmente que estaba pasando, ni Juan Aguirre ni el Doctor León Lerma hablaron. El médico que lo atendía en el Cima no volvió. El lunes lo trasladaron de nuevo al Seguro Social, nunca voy a olvidar al médico de los Naranjeros que todavía fue a decirnos que debíamos pagar al ambulancia para que trasladaran a Luis. Antes de que todo esto pasara, tuve que ir a las oficinas del Señor Mazón, no estaba, de paso encontré a Derek chico y él me comunicó con su papá, era casi la una de la tarde y nosotros no sabíamos la suerte de Luis nadie hablaba. Era 25 de septiembre, no había avance, las doce y nosotros con la incertidumbre en el estómago, en los pies, en la desesperanza de una llamada que dijera, no se preocupen, siempre hemos sido equipo y aquí cualquier empleado es importante. Porque si León Lerma investiga en cuanto le sale la producción de un vídeo musical de los jugadores para pasarse en la pantalla o un documental para televisión como el que Luis le produjo sin recursos ni tiempo a Cornelio García, entonces, él se habría percatado que Luis no era un simple empleado. Y no es porque sea mi hijo, pero es una persona muy creativa, que pena que los gerentes actuales no estén al tanto que todo ha cambiado, que tienen que ir con la progreso, y que las personas que se dedican al campo de innovar entornos, también comen y cobran y la verdad es que a Luis le pagaban una miseria, la mitad del sueldo se le iba en solventar departamento y con la otra mitad debía comer, pagar luz, agua, camiones. Yo le dije que no se fuera por esa cantidad, yo prefería mantenerlo, pero él me dijo que pensaba titularse. Dios sabe por qué hace las cosas. Bueno, de las oficinas del Señor Mazón, la secretaria me envió a al centro de Los Naranjeros para que me pusieran al tanto. Mientras el médico del club, siempre le estuvo recalcando a Paola que no iban gastar lo que no tenían, y que los dolores de Luis no eran nada. Cuando supo del tumor hizo su mejor esfuerzo por decirle a Mercedes que no era de preocuparse, entre paréntesis les diré que este hombre a mí, nunca me dio la cara. - Luis no tiene nada-, repetía una y otra vez. Y cómo no mortificarse, hay un tumor, y este señor lo único que nos mostraba era su preocupación por ahorrarle unos pesos a la directiva, por eso, con estos antecedentes cuando vi al doctor León Lerma; dije:
-Vamos a voltear la situación…
-No, no, no, a mí no me voltee nada…
-Si, ¿qué tal que fuera un hijo suyo…? ¿No lo enviaría en un avión a Tucson y lo instalaría en la mejor clínica? Aquí no viene hablar la esposa de Mercedes Esquer, ni Elia Casillas, aquí frente a usted; está la madre de Luis.
-Elia no se trata de dinero, Luis va a ir a la mejor clínica de Neurocirugía, lo que pasa es que se atravesó el fin de semana y nosotros no somos culpables de lo que está pasando…
-No doctor, yo no busco culpables, en ese caso si vamos a buscar culpables, me culpo yo, por no enviarlo al médico al primer dolor de cabeza, al contrario, a usted agradezco que Luis esté en el Cima ya que por orden suya, él está allá y eso se lo agradezco a usted. No puedo decir que usted y yo somos comal y metate, existe una relación de años y eso es debido al béisbol, sólo eso doctor, y Luis ya tiene su raya, ni usted ni yo, vamos a alargarla. Si Dios ha de llevárselo, ni la ciencia va a detenerlo... Y yo… ya se lo entregué a él. Pero si la cuestión es el dinero tengo una casa en Mérida para vender…
-Entonces si ya se lo entregó a Dios, por qué se encuentra en este estado.
-Porque soy su madre, nada más por eso… sólo por eso. Pero si la cuestión es el dinero…
-No se trata de dinero, pero si puede, y dice que tiene una casa, véndala, aunque todavía hay que ver que dicen en Obregón, va a estar con los mejores especialistas y de acá lo estamos recomendando para que lo atiendan bien, cuando lleguen lo va a recibir el Director del Hospital, todo va a estar bien no se preocupe, no venda nada. Y de nuevo le digo, no se trata de dinero.
-Está bien doctor, si la situación se complica en el hospital y si yo veo que las cosas van para atrás, voy a llamarle. Sus amigos querían hacer un teletón pero yo le dije que no se preocupe, al inicio de la carrera de Mercedes vi una viuda, esposa de un jugador pidiendo ayuda en un estadio para mantener a sus hijos, entonces dije que eso no nos pasaría a nosotros, yo iba a ahorrar para cualquier cosa.
-No, no, que no vayan a pedir nada, ya van a atender a Luis y usted no vaya a vender su casa hasta no saber que pasará en Obregón. Aquí hemos comentado que es una pena lo que está pasándole siendo un muchacho tan joven…
-Así es Doctor, nos vemos… Y no se olvide, el que paga es el de arriba.
Si llevaba maquillaje, éste quedó en una hoja, donde la uña descargaba mis lágrimas. Luis me vio llegar con lentes oscuros y a Paola y Gaby con mirada gorda, ellas, mientras yo hablaba con León Lerma, lo único que hacían era llorar. Ahí nos esperaban mis compadres Cinthia y Cornelio García, de nuevo se me fue un rosario de lloros, de alguna manera sus hijos y los míos siempre se han visto en familia y ellos también son una parte muy significativa para nosotros. Esa tarde trasladaron a Luis al Seguro Social de Hermosillo, antes le dije a Paola que me llevara a un templo, me dijo que a cuál quería ir, si al de Santa Eduviges o al de Fátima, contesté que a cualquiera. Ya en el camino vi una cúpula y le pedí me llevara ahí, ella comentó que era la iglesia de Nuestra Señora de Fátima. En ese momento todos los reclamos y coraje me vinieron de pronto, sólo quería tener a Dios frente a mí para empezar mi discurso rebelde, pero… Cuando entramos, un grupo de mujeres rezaba el rosario, vestían túnicas rojas y una enorme cruz dorada en el frente y en la espalda, oraban. Entonces me detuve. ¿Cómo iba a gritarle a mi padre frente a la gente?, no, él iba a avergonzarse de mí, entonces me fui al Santísimo y ahí, de rodillas y cara a cara, pregunté: -¿Qué quieres, qué te traes conmigo? En ese momento, automáticamente volteé a una columna que estaba al lado izquierdo y sobre ella, vi a San Mateo con un pliego extendido, luego, giré a la derecha y ahí estaba San Lucas, pero… San Lucas tenía un libro en blanco en la mano izquierda, y en la derecha una pluma, entonces recordé el sueño. “Prepárate; porque quiero escribir un libro contigo” Ahhhh, entonces eso es lo que quieres, quieres que empiece a escribir un libro, está bien, lo voy a empezar, sólo te pido a cambio la salud de mi hijo. De pronto el llanto se fue, sentí el pecho libre, y una energía que me hacía sentir grande, fuerte, enorme, y le dije a Paola, ¿ya viste a los apóstoles? Observa a San Lucas, ve como tiene un libro en blanco y la pluma, Dios quiere que empiece el libro. Luego le dije a Dios, trajiste a dos testigos, Mateo y Lucas, bueno, yo pongo de testigo a Paola y a los Bryant, en cuanto llegue a casa empezamos el libro. Cuando salí del templo era otra, la piedra opresora ya no estaba, me sentí ligera, en paz y confiada en la promesa de Dios. Vi a Gabriela y a Mercedes y les conté lo que percibí en el templo, y en ese instante le dije a Luis, -viejo, no te preocupes, me quiere a mí escribiendo con él, no te preocupes-.
Continuará...

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